¿Fantasmas en la operación? Lo que aprendí durmiendo solo en la selva de Panamá.
Una noche a solas en la selva de Panamá y un misterio sin resolver: por qué cuando el software o la operación fallan, siempre culpamos a "la bruja".

Hay lugares donde la lógica de los libros de texto se desmorona ante la realidad del terreno.
Hace unos años, me encontraba liderando proyectos de infraestructura civil y electromecánica en Panamá. Una de esas noches me quedé completamente solo en una casa de campamento montada sobre una loma en Valle La Mina, cerca de Chiriquí Grande. Mis colegas ingenieros habían bajado a la ciudad de David.
A medianoche, en medio del silencio denso de la selva, el techo de la casa empezó a sonar. Pasos suaves que daban vueltas, seguidos de un golpe seco y brusco que sacudía la estructura. Grité. El ruido paró, pero el silencio duró poco. Minutos después, las hojas de los informes técnicos que tenía sobre la mesa de la cocina empezaron a crujir como si alguien las moviera. Me levanté, encendí las luces, revisé puertas, ventanas, accesos. Nada. Cero bichos, cero animales. Al volver a la cama, un nuevo sonido: el crujido del sobre de galletas, que deje en la cocina, siendo pisado en el suelo.
Al día siguiente, durante el almuerzo en la Estación de Bombas de Palo Seco, les relaté la noche a los capataces y trabajadores de la zona. La respuesta de los cinco o seis presentes fue unánime, casi automática: *"Fue la bruja, ingeniero"*.
Sonreí. Como hombre de ciencia, busqué la explicación racional. Pero el misterio aumentó al regresar al campamento: la casa vecina —que estaba cerrada con llave— apareció abierta de par en par sin que faltara un solo activo, y juraría haber visto una sombra entrar a ella mientras el otro ingeniero esperaba afuera, negándose a pasar por miedo.
El sesgo de "La Bruja" en los proyectos modernos
Muchas veces nos enseñan los contrahechizos tradicionales: poner el suéter al revés, las sandalias boca abajo o la escoba invertida detrás de la puerta. Algunas personas automatizan esas respuestas para lidiar con lo que no pueden explicar.
Al final, como decía Einstein: "Hay dos formas de vivir la vida: la primera creyendo que todo es un milagro, y la segunda pensando que nada es un milagro". Todo tiene una explicación racional, sea el viento térmico deformando el zinc a medianoche o la fatiga de materiales.
Pero esta experiencia me dejó una lección que aplico hasta hoy en la arquitectura de software y la alta dirección: Cuando un sistema falla y el equipo no entiende la raíz del problema, la tendencia humana siempre es culpar a "la bruja".
En la construcción, "la bruja" es el imprevisto climático que arruina el cronograma.En el Retail, "la bruja" es la caída del sistema en plena campaña navideña.En el software, "la bruja" es ese *bug* fantasma que nadie sabe por qué ocurre y que se soluciona "reiniciando el servidor".
Eliminar el misticismo del código
El mercado está lleno de empresas que operan bajo el efecto del "suéter al revés": aplicando parches temporales a sus plataformas tecnológicas, rezando para que no se caigan, en lugar de auditar la infraestructura a fondo.
Cuando diseño ecosistemas digitales o implemento Inteligencia Artificial, mi objetivo es eliminar los fantasmas de la operación. Construir sistemas con una trazabilidad tan limpia y una arquitectura tan robusta que no quede espacio para los mitos. Si algo falla, el sistema debe decirte el porqué, el dónde y el cuándo exactos. No hay magia, solo ingeniería.
Al igual que en aquella loma de Chiriquí, prefiero cerrar los ojos por la noche sabiendo que la infraestructura que dejé construida abajo está completamente asegurada contra cualquier imprevisto.
Dejemos las leyendas para las noches de campamento frente a una buena cena. Por cierto, si nunca la han probado, la carne de tiburón sabe bastante bien.
Nos vemos en el siguiente análisis.